INTRODUCCIÓN
La violencia de género en las instituciones de
educación superior (IES) del Ecuador es un problema
global generalizado que persiste como un problema
estructural, afectando particularmente a las mujeres y
a grupos de género diferente a los tradicionales
(Barreto, 2017; Lorente-Acosta, 2020). En America
Latina, En América Latina, este problema se ve
agravado por contextos socioculturales machistas y la
falta de políticas institucionales efectivas.
A nivel de Ecuador existen prevalencia de violencia
psicológica (56,9%), física (35,4%), patrimonial
(16,4%) y sexual (Buendía et al., 2022). En Ecuador,
la gravedad y el carácter estructural de esta
problemática exigen un estudio detallado y específico.
De acuerdo con el Benítez et al. (2024)., seis de cada
diez mujeres han experimentado algún tipo de
violencia de género, siendo la violencia psicológica la
más frecuente. En el país, se reporta un feminicidio
cada tres días, y el 34% de las víctimas tenía una
relación con su agresor. Asimismo, el 43% de las
mujeres ha sufrido violencia por parte de su pareja en
algún momento de su vida; de estos casos, el 40,8%
corresponde a violencia psicológica y el 25% a
violencia física. En términos generales, el 42,8% de
los hechos de violencia de género son cometidos por
la pareja o expareja de la víctima (Rodríguez &
Rodríguez Barraza, 2021).
Frente a esta situación, el Estado ecuatoriano ha
impulsado marcos normativos y políticas públicas
orientadas a enfrentar esta problemática dentro del
sistema educativo. En 2018 se aprobó el Protocolo
para la Prevención y Actuación en Casos de Acoso,
Discriminación y Violencia por Razón de Género y
Orientación Sexual en Instituciones de Educación
Superior, cuya finalidad es definir mecanismos de
prevención, denuncia, sanción y seguimiento en todas
las instituciones de educación superior (Gómez et al.,
2025).
Más recientemente, se dio a conocer el Plan Nacional
para la Erradicación de la Violencia en el Contexto
Educativo (PNEVCE), con vigencia de enero de 2025
a 2030, el cual establece metas claras de prevención,
protección y restitución de derechos frente a
situaciones de violencia y discriminación en el entorno
educativo (Medina, 2020). De igual manera, las
directrices emitidas por el Consejo Nacional para la
Igualdad de Género (CNIG), junto con los aportes de
la Universidad Central del Ecuador, constituyen un
marco normativo nacional que orienta a las
instituciones de educación superior en la elaboración
de protocolos institucionales contra el acoso sexual y
la violencia de género (Carvajal, 2021).
A pesar de la existencia de estas normativas, la
evidencia empírica demuestra que la problemática
continúa siendo grave y persistente. Una evaluación
conjunta realizada en seis universidades y presentada
en 2025 revela que el 32% de las estudiantes ha
experimentado violencia de género, y seis de cada diez
consideran que sus instituciones no constituyen
espacios seguros (Ibáñez, 2017) Además, una parte
importante del estudiantado percibe que muchos casos
quedan en la impunidad o que las universidades
priorizan su reputación institucional por encima del
acompañamiento a las víctimas.
De manera similar, la investigación desarrollada por
(Ponce et al., 2022), señala que una de cada tres
estudiantes fue agredida por integrantes de la
comunidad universitaria, en promedio diez veces
durante el último año. Asimismo, el 19,3% del
profesorado y del personal administrativo manifestó
haber sido víctima de agresiones por parte de sus
parejas u otros miembros del entorno universitario.
Estos hallazgos evidencian que la violencia de género
se ha naturalizado en el ámbito universitario, pese a
que estas instituciones, por su misión formativa y
social, poseen una alta responsabilidad y un
importante potencial para impulsar transformaciones
en la sociedad.
Estos datos evidencian que en Ecuador no solo existe
un problema de carácter estructural, sino también un
marco normativo y de políticas públicas relevante,
aunque con limitaciones en su aplicación práctica y en
la percepción que tiene la comunidad universitaria
sobre su eficacia. Por ello, seleccionar a Ecuador como
contexto de estudio permite analizar el fenómeno
desde una perspectiva sociopolítica específica, valorar
el impacto de los instrumentos vigentes y aportar
evidencia útil para el diseño y fortalecimiento de
políticas institucionales. Esta investigación se