REVISTA
CIENCIA Y
Edición 7 (1)
DESARROLLO
Instituto Superior Tecnológico Riobamba
sas formadoras. Entrenar correctamente al estudiante en
ese entorno es decisivo para crear en él las competencias
profesionales definidas para la carrera, en corresponden-
cia con las necesidades de la sociedad" (pág. 138).
INTRODUCCIÓN
En un contexto global donde la educación superior en-
frenta el desafío de responder efectivamente a las de-
mandas sociales y productivas del siglo XXI, la forma-
ción técnica y tecnológica emerge como un componente
estratégico para el desarrollo económico nacional. Los
Institutos Superiores Tecnológicos del Ecuador, insti-
tuciones importantes en el sistema educativo nacional,
actualmente enfrentan retos relacionados con el mejo-
ramiento de la calidad de sus procesos formativos y su
vinculación efectiva con el sector productivo (Solórzano
et al., 2019).
Los resultados de esta modalidad formativa no solo de-
mandan de procesos sistémicos de planificación (Ceva-
llos et al., 2024), afirman que contribuyen a cimentar las
competencias prácticas propias de la profesión en el es-
tudiante, sino que además generan información valiosa
que retroalimenta y perfecciona el currículo y los planes
de carrera. Sin embargo, para que este ciclo virtuoso se
concrete efectivamente, resulta fundamental garantizar
la adecuada selección de las entidades formadoras.
La educación tecnológica mantiene un fuerte vínculo
con las necesidades del desarrollo económico del país,
promoviendo la creación de emprendimientos, la ge-
neración de empleo y la mejora de la productividad en
sectores estratégicos como la industria y los servicios.
Como señalan Chum y Aray (2017), este tipo de for-
mación profesional constituye un eje fundamental para
el desarrollo económico, orientada principalmente a la
inserción laboral en actividades productivas, sin descui-
dar la formación humana integral. Por su parte, Solís y
Duarte (2018) destacan la relevancia de estas institucio-
nes como puente para cerrar la brecha entre la forma-
ción académica y las necesidades del mercado laboral,
funcionando como verdaderos motores de la dinámica
productiva nacional al ofrecer una formación más corta
que permite una inserción laboral más temprana.
Las empresas de producción, comercialización o pres-
tación de servicios, instituciones públicas, otras orga-
nizaciones de la sociedad e incluso el propio instituto,
pueden fungir como entidades formadoras siempre y
cuando este último cuente con actividades productivas
o de servicios a escala comercial que constituyan un en-
torno laboral real (CES, 2019). No obstante, la idonei-
dad de estas entidades no depende exclusivamente de la
pertinencia de su perfil productivo con la carrera, sino
también de su nivel tecnológico y cultura de trabajo,
como elementos de éxito en esta fase de formación de
acuerdo con Rodríguez et al. (2024). Este último aspecto
resulta particularmente relevante, considerando que un
componente de la formación que adquiere el estudiante
durante sus prácticas corresponde a valores y hábitos in-
corporados por imitación. Para que estos sean positivos,
es indispensable que la entidad formadora posea una
cultura de trabajo avanzada, cuyos componentes inclu-
yen disciplina laboral, rigor técnico, respeto a los dere-
chos laborales, cumplimiento de normas de seguridad y
salud ocupacional, responsabilidad tributaria, relaciones
interpersonales basadas en el respeto y la colaboración,
y adecuados estándares de orden y limpieza.
Entre las estrategias formativas más efectivas implemen-
tadas por estos institutos destaca la Formación Práctica
en el Entorno Laboral Real (FPELR), concebida como la
inserción planificada y controlada del estudiante al sec-
tor productivo meta de la carrera. Este es un escenario
privilegiado dentro del desarrollo del proceso formativo,
especialmente en el marco de la Modalidad de Forma-
ción Dual (MFD). El Consejo de Aseguramiento de la
Calidad de la Educación Superior (CACES, 2021) ca-
racteriza esta modalidad de la siguiente manera:
La normativa ecuatoriana, específicamente los artículos
23 y 24 del Reglamento para las Carreras y Programas
en Modalidad de Formación Dual (CES, 2019), estable-
ce parámetros claros sobre estos requisitos. Sin embar-
go, en la práctica, determinar rigurosamente la cultura
organizacional de una entidad requeriría estudios espe-
cializados que frecuentemente exceden las capacidades
de los institutos. Esto no exime a estas instituciones edu-
cativas de obtener la mayor información posible para
identificar y excluir los casos notoriamente negativos.
La selección de entidades formadoras adquiere especial
"Durante la formación práctica en el entorno laboral real
el escenario deja de ser la asignatura con el profesor y los
estudiantes y pasa a ser el propio proceso productivo, de
comercialización o de prestación de servicios, en el que
los estudiantes interactúan con el entorno administrati-
vo, tecnológico, productivo, las condiciones naturales,
si fuera el caso, las relaciones socio laborales y con los
grupos de interés que rodean a sus respectivas empre-
Vaca Gómez, D. M., Garrido Chiluisa, J. C., Maldonado Mina, D. O., Cargua López, M. R., & Yépez Moreira, R. I. (2026). Desarrollo y validación de un mode-
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